Javi González ::: Ex-futbolista del Athletic y vecino de Zorrotza

“Hoy creo que pude haber dado mucho más”

Javi González (Zorrotza, 1974) reconoce que no está del todo satisfecho con su carrera, cree que con sus condiciones físicas y técnicas podía haber ofrecido más. Los técnicos le apretaron en consonancia a ese potencial que apreciaban en él, lo que en ocasiones le condujo a situaciones tensas que hoy analiza desde otra perspectiva.

Acaba de colgar las botas en el Portugalete, se resistía dejar el fútbol.
Es que me gusta el fútbol. No me importaba jugar en un equipo modesto, lo he hecho con toda la ilusión del mundo. Me han tratado muy bien tanto en el club, como los rivales o las distintas aficiones, todos han sido respetuosos conmigo. Ha sido una experiencia bonita, la categoría está bien, juegas por aquí, estás en casa.

Antes estuvo un par de temporadas en el Hércules, en Segunda.
Acabé contrato en el Athletic y lo tenía casi hecho con el Numancia, pero me llamó el Hércules, un club con aspiraciones de subir y donde estaba de entrenador Andoni Goikoetxea, a quien ya había tenido en Lezama. Pero en el Hércules pesaban más las cuestiones extradeportivas, las económicas, se hablaba más de esto que de fútbol, y eso al final afecta al equipo.

Tuvo la oportunidad de enfrentarse al Athletic en la Copa.
Sí, fue extraño, se te hace raro jugar contra los que han sido tus compañeros tanto tiempo, pero me hizo ilusión, sobre todo volver a San Mamés. Es el mejor recuerdo que tengo de esa etapa. Por lo demás no me fue muy bien, tuve problemas físicos, de adductores, porque los campos donde se jugaba y se entrenaba eran muy duros, y eso me impidió engancharme al equipo titular. Ya sabes, cuando empieza la temporada nadie espera a nadie.

¿Cómo encajó su salida del Athletic?
Tenía asumido que todos estamos de paso, hice mis años en el equipo y llegó gente joven pisando fuerte, es ley de vida. Bueno, estuve diez años en el equipo donde desde pequeñito había soñado estar. Marcharse siempre cuesta porque has entrado con 12 años en Lezama y tienes miles de recuerdos y de experiencias, unas mejores que otras, que te han hecho persona. El Athletic ha sido tu segunda familia y siempre le estás agradecido.

Vamos a rebobinar hasta el momento en que el Athletic le captó.
Jugaba en el Cruces y con doce años me cogieron, cuando me dieron la primera bolsa con el escudo del Athletic, con las botas y la ropa, fue algo increíble. Luego, ver entrenarse a los mayores, ir a San Mamés, que iba siempre, a ver al Athletic o al Bilbao Athletic, fallé pocos días. Me acuerdo de todo. Entramos un montón de niños a la vez. Mi primer entrenador fue Zugazaga, que me enseñó muchísimo. Luego vas teniendo más entrenadores que han sido jugadores del club. A Goikoetxea en juveniles, que se fue porque le llamó Clemente, que era el seleccionador y entonces nos cogió Fidel Uriarte, otro mito. Luego Blas Ziarreta, Koldo Agirre, jugando ya en Segunda División…

¿En algún momento creyó que llegaría a lo alto de la escalera?
Oyes comentarios en ese sentido, de que puedes llegar. No olvido que Goiko me dijo: A ver si es verdad que eres una promesa para el Athletic. Yo era uno más y sabía que era difícil, pero ese comentario me motivó. La verdad es que sí que tenía esperanzas en mí mismo.

¿Qué otros chavales con los que coincidió jugaron en Primera?
Cuando entré estuve con Julen Guerrero, Edu Alonso, Aizkorreta… creo que no me dejo ninguno de los del principio de todo.

Quedó cortado en el filial.
Era de los más jóvenes, no era titular, había otros que jugaban ya para dar el salto. Acabó la temporada y mi contrato, Amorrortu me dijo que buscara equipo y me fui libre al Alavés. Hicimos la famosa cena de despedida y estando de pie delante de todos, dando las gracias, dije que volvería al club. Acerté, tuve la suerte de volver.

¿Qué tal en el Alavés?
Allí también era de los mas jóvenes. Había un equipazo para Segunda B: Gorriaran, Iván Campo, Joseba Agirre, Pello Machón, gente cedida del Espanyol… Yo tenía ficha del filial, de Tercera, que era donde empecé a jugar, aunque entrenaba con los de arriba. Me enfadaba mucho cuando tenía que bajar y tuve alguna movida con Txutxi Aranguren. Eres joven y te crees más listo que nadie, luego sí que me di cuenta de que era por mi bien porque así no estaba parado.

No duró mucho allí.
Metí diez goles y me llamó Blas Ziarreta, quedamos en Zorroza y llegamos a un acuerdo para ir al Sestao. Fue una de las decisiones más importantes de mi vida. También me habían llamado del Zalla, que dirigía Terrazas, y del Barakaldo.

Pues el que paso en Las Llanas fue un año duro.
Año muy jodido. En la primera vuelta estuvimos en la parte baja y estaba el problema económico, no se cobraba y había mucha gente de fuera que vivía de alquiler. Yo vivía con mis padres, pero veías que los compañeros lo pasaban mal. Luego, Blas era muy exigente y puede llegar a ser incómodo para el jugador, pero a la larga se lo agradeces. Blas pensaba en el equipo y en sacar lo mejor de cada uno, pero hasta que lo asimilé me costó varios disgustos. En la segunda vuelta marqué ocho goles y mi rendimiento me permitió dar el salto al Primera División.

Pero creo que hubo un día en que Ziarreta le cogió por banda y…
Estábamos jugando contra el Écija y nos jugábamos la vida. En el descanso, estando en la caseta empezó a esquivar piernas y se me puso cara a cara. Me tocó la fibra, bueno a mí y a todos. Había que reaccionar, había mucho que ganar y a raíz de esto levantamos el vuelo. A mí, Blas me exigía mucho y él sabía por qué lo hacía.

¿No lo sabía usted?
Sí, claro, él creía en mis posibilidades, pero había veces que no entendía que estuviese tan encima de mí. Luego, con Luis Fernández me pasó algo parecido.

Y consigue dar el salto a la elite: del River al Celta.
Jugamos contra el Madrid B, ganamos 3-0 y metí dos, hice un partidazo y lo televisaron. Luego contra el Almería volví a marcar, fueron unos partidos en los que me salí, hasta salió Maldini diciendo que había que apuntar mi nombre. La cosa es que un agente me ofreció un equipo de mitad de tabla de Primera. Viajé con él a Vigo y firmé. Luego me llamaron del Sevilla, pero ya tenía contrato con el Celta.

Llegó y besó el santo.
Aproveché la inercia de cómo estaba físicamente de haber trabajado con Blas y en la pretemporada, Castro Santos, el míster, me decía que dosificase, pero estaba habituado a no parar, con Blas no se podía estar quieto en el campo. Me gané un puesto en el once. Había jugadores muy buenos como Mazinho, Revivo, Del Solar, Dutruel… Todos venían de equipos de Primera, pero yo me lo curré bien. El presidente decía que yo era una apuesta suya. Fue un año muy importante porque el Athletic empezó a llamar a mi puerta.

Dutruel, compatriota de Luis Fernández, algo tuvo que ver.
Un día Dutruel me dijo que había estado charlando con Luis. ¿Le habrás hablado bien de mí?, le pregunté. Era mi sueño. Al de poco ya salió en la prensa que el Athletic tenía interés. No podía dejar pasar ese tren, aunque no iba a ser fácil salir del Celta. Si jugaba 25 partidos me ampliaban tres años automáticamente. Y llevaba camino de alcanzar esa cifra, pero dejé de jugar. De haber seguido se hubiera complicado mucho más. Yo quería volver a casa y le dije al presidente que sentía añoranza de mi familia y de mi ciudad. Al final se llegó a un acuerdo con el Athletic, que pagó por mí 125 millones. La gente solía decir allí que quien destacaba en el Celta se iba. No me lo creí, pero mira.

Tuvo que dar un buen rodeo para volver al sitio del que salió.
Mira, todavía estoy viendo a mi familia en el aeropuerto, todos llorando cuando me iba al Celta. Yo les decía que no era tan trágico, que no iba a la guerra, que iba a jugar en Primera. Mi padre me dijo que me quería de vuelta al año siguiente. Él estaba convencido de que iba a volver. Desde luego que ese era mi objetivo, hacerlo bien y volver. Cuando entré en el Athletic hice la presentación con Txomin Nagore y Lacruz, ese año también trajeron a Ríos, Alkorta, Lasa y Ferreira. Era un equipo hecho, se había clasificado para la UEFA. Era un equipazo, había que trabajar mucho para jugar. Uno es ambicioso y el club vivía un momento bueno, el ambiente en el vestuario era estupendo, todo iba sobre ruedas y nos amoldamos rápido a la dinámica del equipo.

No sé cómo califica la relación que tuvo con Luis Fernández.
Lo primero de todo, le estoy muy agradecido porque él me fichó. Digamos que fue una relación intensa. Discutíamos mucho, éramos de carácter difícil los dos, pero en el fondo nos apreciábamos. A veces nos calentábamos y pasaban varios días en que ni nos hablábamos, pero bastaba una mirada para arreglar el tema.

De entrada, le puso en treinta partidos de Liga.
El primer año quedamos segundos en Liga y nos metimos en la Champions. Fue increíble, la hostia, de lo mejor que me ha pasado en mi carrera. Lo de la Champions era algo que veías en la tele y de repente estar allí, escuchar el himno ese que ponen al principio, con la camiseta del Athletic. Lo máximo como futbolista. Ese primer año metí seis goles.

La mitad de los que hizo en el Athletic.
No he sido goleador. Jugaba más en la banda y tenía la mentalidad de que debía dar pases de gol, no me obsesionaba marcar.

Con Luis Fernández participó mucho, también con Txetxu Rojo.
Txetxu confío en mí y me trató muy bien, me dio muchos consejos, pero fue un año difícil, muchas lesiones… Me hubiera gustado que siguiese más tiempo.

La llegada de Jupp Heynckes implica un cambio sustancial en su trayectoria.
Porque me cambió de puesto, me puso de lateral. La primera vez fue contra el Villarreal y en la izquierda. Declaré en la prensa que me sentía capaz de jugar ahí, me probó, jugué y salió bien, sacando el balón de atrás, a la gente creo que le gustó. Luego estuve muchos partidos en el lateral derecho. Por mi vocación ofensiva, Heynckes me pedía que empujase al equipo y crease superioridad en ataque.

No le costó amoldarse.
Al principio es un poco raro, no cerraba tan bien, pero le fui cogiendo el truco. Por mi inexperiencia podía ser un poco inquietante, pero el míster ya sabía cuál era el riesgo y lo asumió. Fueron más de cien partidos ahí. Creo que fue importante mi predisposición, me ofrecí porque creía que lo podía hacerlo y él se la jugó. Que con esas cosas ya sabes, preparas una gorda y ya no te ponen ni de lateral ni de nada.

Para esa demarcación tenía usted un don, el físico.
Me gustaba correr, no me costaba nada. Tenía una forma de correr fácil, podía haber sido atleta, según me decían desde pequeño en Lezama. Y me recuperaba muy rápido de los esfuerzos. En el lateral haces más recorrido, yo subía y bajaba seguido. Por el camino me encontraba a Etxebe, haciéndome la cobertura, y le decía venga quita de ahí, que ya estoy. No, en serio, corría fácil, tenía esa cualidad.

Quizás mucha gente no sepa que usted siempre destacó en los tests físicos.
Sí, solía estar entre los primeros. Hasta en el Hércules, con casi 35 años.

Físicamente era muy bueno y destacaba por su técnica. ¿No tiene la sensación de que podía haber llegado más lejos?
Podía haber dado mucho más, sí. No se llegó a ver el cien por cien de lo que tenía dentro, por unas circunstancias o por otras. Quiero decir que sí se vio el nivel que tenía, pero no con continuidad.

Esto lo dice ahora, que ya no hay vuelta atrás.
Cuando estás en activo, no lo ves y te influyen factores como la presión, la competencia, que no hay margen de error muchas veces… Sí, luego he hecho esta reflexión y además es algo que me ha dicho mucha gente, que podía haber hecho más. Me han dicho que se divirtieron conmigo, pero siento que podía haber dado muchos más momentos para que la afición disfrutase. Pinceladas, detalles, algunas temporadas buenas, pero no he tenido una trayectoria regular.

Con Valverde empezó a perder el sitio.
Le subió a Iraola y estaba claro que era un jugador buenísimo. Te vas dando cuenta de que toca cambio de generación. Además, el segundo año me lesioné, de menisco.

Conoció técnicos con buen gusto futbolístico.
He disfrutado mucho jugando al fútbol en el Athletic y hemos pasado buenos años, estando en Europa. He tenido suerte con los entrenadores y de todos vas archivando cosas. Sé que he ido un jugador un poco raro por mi forma de ser y eso ha influido en mi relación con los entrenadores. Hay que saber aguantar y yo he sido algo protestón y eso me ha pasado sus facturas porque el que manda no es el jugador. Si no reaccionas bien, lo pagas. Ese tipo de situaciones me han hecho pasar por momentos difíciles, pero me quedo con lo bueno. Mira, he discutido muchísimo con los técnicos y ahora quiero ser técnico.

¿En serio?
No lo pensaba, pero he visto entrenamientos con críos y se me caía la baba. Tiene que ser bonito enseñar a los que empiezan, como a mí me enseñaron. He citado a Zugazaga, a Blas, pero tampoco me olvido de Kepa, el entrenador que tuve en el Cruces, que tenía muy buenos conceptos.

No hemos hablado de su salida del Athletic.
Llegó Clemente tras la destitución de Mendilibar y enseguida dejé de jugar. No iba ni convocado y no tuve paciencia, quería jugar y pedí que me dejaran salir. Mi amigo Revivo me facilitó el fichaje por el Ashdod. Fue el primer jugador de la liga española en la liga israelí. Jugué, pero tuve una lesión de tobillo y luego un problema respiratorio y estuve un mes tieso. Pensé que cascaba. Lo peor fue que tenía la cabeza aquí. Volví, tenía un año más de contrato, pero me dejaron sin ficha, pese a que había fichas libres. No lo entendí nunca y además nadie me lo explicó. Sarriugarte se enfadó porque dije que no era una decisión suya, pero lo que quise decir es que lo habían decidido en el club porque no me dejaron jugar ni un amistoso en verano y yo estaba bien, podía aportar cosas. Luego vino Mané y si jugué. Fue un año duro, pero yo tenía fe y no me rendí. El equipo estaba muy tocado, la presión era terrible y Mané y Ondarru demostraron su valía, todos ayudamos, pero ellos fueron los principales artífices de que se atara la permanencia.

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